Sábado, 07 Septiembre 2019 00:00

Fiscales políticos.

Por: Jaime Darío Oseguera.

 

Fiscales políticos

Tremendo problema ha generado el pleito político entre el gobernador de Veracruz y el Fiscal del Estado, nombrado Constitucionalmente en la legislatura y administración anteriores.

Ya en este espacio hemos advertido que el modelo institucional mediante el cual una legislatura nombra un Fiscal por nueve años, tiene muchas fallas que pueden derivar en problemas para la Procuración de Justicia en los Estados.

Cuando un partido gana democráticamente el derecho de gobernar por la regla de la mayoría, además del júbilo, trae aparejada la obligación de ejercer el mandato de manera honesta, eficiente y transparente. Lo es así para todos los ámbitos de la vida pública y particularmente para la Procuración de Justicia. Más en estos tiempos de altos niveles de violencia, donde la delincuencia se ha apoderado de los espacios públicos y cometen actos que nos permiten pensar que los gobiernos son incapaces de contenerlos.

El argumento con el que se generó este cambio constitucional fue justamente desligar la Procuración de Justicia de los apetitos político electorales. En teoría, al nombrar un Fiscal, antes Procurador, por un período diferente al de una administración o gobierno local, el Fiscal actuaría de manera transparente, cuidando su designación, dejando de lado conflictos políticos y evitando que el gobernante en turno, siendo su jefe, lo obligara a ejercer la acción penal con criterios políticos y no jurídicos o estrictamente penales.

Así funciona en los países más civilizados. En algunos de ellos, los fiscales son electos por la vía de la votación ciudadana. Nuestra cultura jurídica y política no embona en este modelo. Aquí el gobernante en turno debe ser el responsable de los resultados que haya en su período y por supuesto que no debería estar excluido el ámbito de la procuración de justicia.

Cuando gana un gobernante, se le debe permitir nombrar a sus colaboradores. Su gobierno es el responsable de lo que suceda. Los resultados son consecuencia de las buenas y malas decisiones. Si un nuevo gobierno llega con un fiscal anterior, las fricciones serán inevitables. Eso es lo que está sucediendo en Veracruz, donde una buena parte de los setecientos muertos que van en el presente año en acciones violentas, bien pueden ser el resultado de la falta de coordinación entre el Fiscal nombrado por el gobierno anterior y todas las áreas de seguridad pública designadas por el actual. El resultado es evidente: ha aumentado significativamente la violencia.

Sí es cierto, hay que despolitizar la administración de justicia pero es más urgente e importante combatir la delincuencia y la desorganización, desconfianza y desorden que ha generado el nuevo modelo que no abona para el objetivo de acuerdo con los resultados. El país está más violento que nunca. Hoy hasta el ejercito y la marina están amenazados porque nadie quiere asumir la responsabilidad de restablecer el orden.

Creo que estamos exactamente al revés. Hoy los factores políticos pesan más; lo políticamente correcto y un modelo garantista que no está acompañado de policías capaces de trabajar profesionalmente para perseguir los delitos e ir al fondo de los hechos, provocan que muchos delincuentes anden sueltos.

El sistema en su conjunto está hecho pedazos. Lo dice la calle, las estadísticas, el miedo en las ciudades. Hay más muertos que donde formalmente se encuentran en guerra. Ciertamente, este fenómeno es muy complejo y va mucho más allá del nombramiento de los fiscales, pero en el fondo es un asunto de responsabilidad de gobierno.

Lo que vemos en Veracruz es patético: el gobernador actual acusando al Fiscal de vínculos con la delincuencia organizada. El Fiscal, nombrado por el enemigo político del actual gobierno, defendiendo las posturas de su ex jefe, presumiblemente encubriéndolo para que no lo procesen. El Congreso inventando argucias meta jurídicas para destituirlo. Todo bajo el nuevo modelo. Todo embarrado de decisiones político partidistas ¿Qué no era eso lo que se iba a evitar?

Veracruz exhibe las miserias de la política y la mezquindad con la que los políticos prefieren la venganza personal antes que el bienestar colectivo. El pillo del gobernador anterior, dejó a su incondicional para que le cubra las espaldas, amparado en que la ley se lo permitía. El inepto del gobernador actual, dice que no puede combatir a la delincuencia porque no cuenta con el respaldo del Fiscal.

Ambos deberán ser juzgados pronto, por no cumplir con su deber.

El autor es, Dr. en Sociología.

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