Lunes, 03 Junio 2019 00:00

El elogio a la locura.

Por: José Alberto Guerrero Baena.

El ejército: la ultima frontera que el

Gobierno prostituyó...

«De nada sirven condenas enérgicas, tardías sin inteligencia

y acciones estratégicas tempranas.

Sin respeto a la dignidad, la seguridad no existe.»

Tere  Torres

Por lo menos una vez a la semana platico y consulto temas con una querida amiga enamorada de su labor y eminencia de la Seguridad, Teresa Torres, Tere Torres para los amigos y amigas. Como profesionales dedicados a los temas que se relacionan con los ámbitos de seguridad, convivencia, ciudadanía y estrategia, siempre tenemos conclusiones que nos ponen a pensar de una manera severa y crítica:

¿Hacia dónde va el estado mexicano?

¿Tiene futuro la «estrategia de seguridad» del gobierno federal?

¿Burlamos la última frontera del respeto a las instituciones?

Y todas estas reflexiones que en lo personal me fijo, creo que muchos las compartimos sin quizás plasmarlos en un documento. Lo sucedido en La Huacana, con las acciones de la delincuencia organizada protegida por ese «Pueblo Bueno», amén del proceso de liquidación de la Policía Federal y las subsecuentes leyes publicadas con vacíos jurídicos que dejan muchísimas dudas en la actuación policial. Porque de entrada no sabemos si es milicia, si es policía o que demonios es este nuevo cuerpo armado al vapor.

Pasando a lo importante, ver al pueblo mexicano desarmar al ejército, fue ver la caída de la última frontera de lo permisible en nuestro país. Ya no hay más allá. Y tolerado, fomentado y alabado por el gobierno.

El ejército en su doble cara ( como «represor del pueblo mexicano» y cómo agente de cambio social) fue derrotado por una muchedumbre que puso como escudo humano a mujeres y niños, amén de proteger delincuentes y utilizar como moneda de cambio armas de uso exclusivo por seres humanos.

¿Y el estado de derecho que tanto ha presumido respetar el presidente?

No hay más, hasta en eso tenemos que concordar con las declaraciones del Gobernador Aureoles, son delincuentes, no autodefensas, pero el presidente le llama «Pueblo bueno». Pero el gobierno federal sigue manejando muchos discursos, ninguno coherente por supuesto y esto no gusta a la milicia.

La milicia tan celosa de sus formas, ritos y costumbres, no gusta de ver a sus compañeros de armas y de vida replegados, humillados por una figura presidencial que si de algo se cansó, fue de denigrar su actuación desde siempre, durante la campaña y ahora cambiando un discurso que ahora se nota hueco, vacío, hipócrita.

Y eso es algo que imitó perfectamente el «pueblo bueno», el acto de humillación ante quienes han estado en catástrofes, inundaciones, búsquedas de personas, persecución de delitos (si, aunque en este espacio estamos en contra de la GN, no estamos a favor de las denostaciones a las fuerzas armadas).

Por ello hay voces al interior del ejército que están sumamente indignados por la burla en que los ha convertido el presidente. Los hechos en La Huacana manifiestan un grado enorme de descomposición social, de imitación de ese discurso caótico proveniente de los Pinos y las voces inconformes manifiestan una verdad contundente que se está reproduciendo entre los soldados y la jerarquía, la cual transcribo:

“ (…) no necesitamos un comandante supremo que nos obligue a repeler las agresiones con muñecas y con ramos de flores, por eso en el país la delincuencia sigue creciendo día con día y usted sólo se ha dedicado a dar sermones (…)”

 

Ellos mismos hacen un diagnóstico, donde también analizan puntos trascendentales que todo hombre de armas consideraría indigno de su labor, cómo el que se enzalce a los soldados por «usar la prudencia» y negociar armamento ante la población, cuando su propia naturaleza indicaba el reestablecimiento del orden, tal cuál es su misión.

Por ello es preciso defender a toda costa a nuestros militares cómo la ultima frontera de respeto del orden constitucional.

Son los guardianes de la seguridad nacional, que ante el embate de ocurrencias y estrategias mal elaboradas por parte del gobierno federal, han sido el flanco favorito de los medios de comunicación , analistas, consultores y oposición al gobierno y por supuesto en su momento del entonces líder «izquierdista» y ahora presidente.

Para ellos tener un mando Incoherente al que deben respetar y acatar sus órdenes (cómo en su momento la Guardia Pretoriana Romana respetaba a Nerón o a Calígula con sus locuras) al que por lealtad debe acatar instrucciones incoherentes debe ser muy difícil, duro, por lo que admiramos aún más la paciencia y serenidad con la que aguantan.

Ellos como la hoy extinta Policía Federal, como los ahora integrantes de la Guardia Nacional son como nosotros, profesionales de su  área, si el presidente no valora el trabajo que realizan, nosotros sí, y sobretodo lo agradecemos.

Cuidemos y respetemos a nuestros policías, a nuestros Guardias Nacionales y a nuestros soldados, son la última frontera . .  y no debemos cruzarla.

El autor es, Maestro en Antropología Social. 

Facebook: José Alberto Guerrero Baena / @BetoGuerrero38

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