Martes, 21 May 2019 00:00

El elogio a la locura.

Por: José Alberto Guerrero Baena.

La Guardia Nacional, una "policía" sin futuro y sin presente.

Durante largos años la seguridad pública y ciudadana, ha sido rehén de la política y de caprichos sexenales.

Nos han vendido la idea de que entre más rígidas las formaciones de polícias, amén de un sistema de justicia «pronto y eficiente», más seguros como ciudadanos estaremos. Falacia total.

Desde la época en que surge la Policía Federal Preventiva, la cual sabemos que fue una migración de algunas divisiones del ejército con otro color de uniforme, se han venido gestando caprichos sexenales, basados en seguridad, que han acabado con la paciencia de los ciudadanos al ser ineficientes.

Pasamos desde la época del Presidente Zedillo, posteriormente con Vicente Fox. Felipe Calderón con la guerra al narcotráfico, Peña Nieto con su Gendarmería Nacional y ahora López Obrador con la malquerida Guardia Nacional.

Como verán, galimatías que han afectado de una manera contundente la credibilidad de los ciudadanos con respecto a su propia seguridad. Ante todo ello, yo pregunto amigos lectores: ¿Que opinará un policía, que sea el centro del debate de un país, sin poder alzar la voz o emitir una opinión o defensa?

En la actualidad, todos nos hemos vueltos expertos y opinólogos de todo (basta ver el ridiculote de Hernán Gómez frente a Gabriel Quadri, donde demuestra lo que afirmo), y en materia de seguridad hemos dejado de considerar la opinión de quien verdaderamente nos puede hablar del panorama y están en el frente de batalla que son los policías, porque consideramos que su voz no es la experta... mal, muy mal...

Ante la entrada en vigor de un nuevo modelo nacional de policía, vemos con mucha preocupación la forma en la cuál están siendo «instruidos» en diferentes instalaciones del ejército mexicano los futuros elementos de la guardia nacional.

Si bien sabemos que dentro de los cuerpos policiales, la disciplina es una premisa, tampoco esta peleada con las infraestructura física en las cuales se les brinda la capacitación. Lugares improvisados, aulas sin las condiciones mínimas elementales, largas horas de espera sin que haya un instructor para impartir clases, falta de agua y alimentos, además de lo más preocupante: la duración del curso que será de 6 semanas, cuando el Programa Rector de Capacitación Policial establece 972 horas para poder egresar cómo policía preventivo.

La capacitación brindada a los futuros elementos de la guardia nacional (marinos, militares y policías federales) es impartida hasta el momento en las instalaciones de la Base Militar de Santa Lucía y en San Miguel de los Jagüeyes.

Uno supondría que las condiciones para que una nueva corporación policiaca surja y se consolide, serían las óptimas, las adecuadas, en virtud de lo que suponemos que serán las funciones de este cuerpo de seguridad: vigilar el respeto a los derechos humanos, preservar la seguridad y fomentar una cercanía y confianza ante el ojo ciudadano.

Pero parece que nada de esto le interesa a la Secretaría de Seguridad Ciudadana que en lugar de hacer una planeación estratégica y adecuada, ha optado por la aceleración derivado de las decisiones presidenciales. ¿Que piensa un policía, un militar o marino futuro guardia nacional de lo que esta viviendo ante la serie de incongruencias e incumplimientos? ¿Así como esta siendo instruido, será su actuar, con las mismas precariedades, malos tratos y discriminaciones?

Los que conocemos de manera práctica y hemos vivido como tutores la formación de policías, sabemos que no basta la disciplina y la vocación para la formación de buenos elementos, también cuenta y de manera importante la ubicación de estos dentro de un ambiente óptimo, con instalaciones adecuadas, con capacitadores que acudan y cumplan al cabal con el programa académico y práctico.

Lo relatado anteriormente es para policías, pero la interrogante que nos inquiere más es: ¿Y los que no son policías, cómo asumir que desde ahora lo son? Sin identidad, dadas las diferencias y las preferencias que por cierto están muy inclinadas hacia el personal militar, sin un uniforme que los identifique con la labor que van a realizar, sin algo que los haga asumir que están en una corporación nueva, los elementos provenientes de marina y ejército prosiguen con esta «capacitación» en instalaciones que ellos conocen.

Acostumbrados al trato que implica estar en fuerzas destinadas para la defensa de los intereses nacionales y no para el fomento de la proximidad con el ciudadano, transcurre la formación para dar pie y entrada a esta nueva medida de seguridad de este gobierno. Pero a la par tenemos operando dentro de algunas regiones del país varios regimientos de la tan mencionada guardia, sin leyes secundarias, sin un curso aprobado por la premura de su traslado y con la presión mediática que les inquiere el presidente y sus discursos mañaneros.

Aunque se aplique la legislación supletoria, es decir, la ley anterior antes de que expidan las leyes secundarias de la guardia nacional y derivados, tenemos elementos del ejército y marina actuando en un total estado de indefensión jurídica, desconocimiento de los protocolos y sin más experiencia que las rudas acciones en el campo de batalla, es donde debemos de cuestionar y denunciar la improvisación, discriminación (porque la están sufriendo los elementos de la Policía dentro de este cuerpo por parte de los jerarcas del ejército y marina), la capacitación acelerada que sólo generará dudas al momento de la actuación.

La preocupación latente es sin duda cómo estamos tratando a nuestros policías, cómo no les estamos proveyendo de lo necesario para actuar (jurídico, operativo y humano).

Este gobierno está reflejando fielmente lo que el pueblo mexicano ha mostrado a través de los años: incongruencia, ingratitutud, falta de memoria y su afinidad y debilidad ante lo que que causa caos e incertidumbre. Necesitamos fortalecer las policías desde lo local, desde lo municipal, fortalecer su capacitación, vigilar su subsidio, auditar cada peso y verificar que se aplique de manera correcta, involucrarnos más en los planes de prevención del delito, de los programas que para tal efecto han sido creados.

La Guardia Nacional no es mágica, no va a resolver la incidencia delictiva y la violencia que se ha generado en el país, y conforme vemos las formas en que se está dando su creación, nos indica que este será uno más de los caprichos y locuras del emperador. Sea cuál sea su nombre.

¿Tiene futuro la Guardia Nacional? Mucho de ello depende de usted querido lector o lectora.

El autor es, Maestro en Antropología Social. 

Facebook: José Alberto Guerrero Baena / @BetoGuerrero38

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