Sábado, 06 Abril 2019 00:00

El elogio a la locura.

Por: José Alberto Guerrero Baena.

Las malditas redes....

Linchamientos sectarios.

Dedicada a la memoria de Armando Vega Gil, que ahora

ya puede entonarle su guacarrock al Santo.

No tenía idea de que iba a escribir en esta semana, de hecho pensaba retomar los temas políticos de la 4T y la ácida crítica que normalmente hacemos desde este espacio. Pero hay sucesos que nos obligan a reflexionar, analizar y  asumir parte de lo que como seres humanos hemos causado.

El espacio por excelencia para sacar nuestros demonios por encima del «posible» sentimiento de humanidad han sido las redes sociales. El constante odio que hemos manifestado ante la cotidianidad, sumado ante personajes que insisten en dividir antes que sumar y el fervor sectario tipo talibán que ha sido el pan nuestro de cada día, nos obliga a un alto para poder respirar y cuestionarnos:

¿Hasta dónde va a llegar el odio?

Y no es una pregunta cursi, cuando tenemos una constante desaparición de mujeres, donde el acoso hacia cualquier género ha sido el detonante de muchas situaciones incómodas, la profunda negación de las autoridades competentes por atender el problema de frente y sin duda para quienes hemos sido testigos de lo que esta pasando en estos tiempos.

Platicando con varios amigas y amigos, llegamos a la conclusión de que las redes se han convertido en una especie de Afganistán, Pakistán o territorios fundamentalistas, donde el raciocinio, la argumentación y el debate civilizado es una utopía ante las constantes descalificaciones, denuncias, ataques y en algún momento hasta crisis existenciales como seres humanos.

Política, religión, deporte, discriminación, xenofobia, movimientos sociales, han sido parte del menú que la red social nos ha heredado para la posteridad. No todos malos, tampoco todos buenos. Todo esta en el nivel de fé ( porque ya no cabe el raciocinio o los argumentos) con que nos destrocemos en las redes. Todos y todas somos los buenos y los demás son los malos de la película, nunca hay un punto para negociar, aceptar o permitir la otredad.

Todo movimiento social que reivindique causas justas, debe ser tomado en cuenta y apoyado, nosotros no vamos a descalificar ninguna expresión porque cada quien conoce la historia de lo que vive, goza y sufre de manera diaria.

Una mujer sufre acoso, discriminación, odio, machismo y esa ha sido la forma de establecer los lazos de convivencia, participación y defensa. Y se comprende a cierto grado el daño que ha causado el género masculino, pero cayendo en un lugar común en que todos los varones argumentamos nuestra defensa: «no todos somos iguales»,

Pero analizando el activismo en redes sociales, no podemos aprobar de ninguna manera la satanización de personas por medio de las mismas, sin que haya un argumento contundente. Además si hacemos esto, estamos relevando de su propia labor y obligación al estado mexicano, donde tanto la víctima debe tener la adecuada protección de identidad y no debe ser revictimizada, así como el victimario (en caso de que este fuera cumpable).

Al parecer, en esta sociedad, en lugar de avanzar con las nuevas tecnologías, con la etapa posmoderna en que vivimos históricamente, estamos ante una involución, donde dejamos a un lado a la autoridad, para erigirnos en un jurado implacable, moralmente correcto (aunque tengamos una historia turbia que enlode nuestra existencia) que puede señalar, juzgar y sentenciar.

Hoy fue Armando, hoy son muchas mujeres exhibidas en redes sociales, hoy son muchas personas imputadas al cobijo de ese tribual de millones de cabezas.

¿Cuándo vamos a asumir la responsabilidad de no acusar hasta tener todos los elementos de la prueba para imputar?

¿Cuándo dejaremos de alegrarnos por la desgracia ajena al amparo del anonimato?

¿Cuándo dejaremos de asumir que el género opuesto es nuestro enemigo?

Antes de señalar, acusar, denostar, injuriar, chingar, cada quién debemos evaluar nuestras debilidades, nuestra propia historia, nuestros errores y lo que hemos dejado como estela al mundo, así asumiremos el papel que nos toca en la vida y en la sociedad.

Gracias Cucurrucucú.

Buen viaje.

La historia y la sociedad misma te harán justicia.

El autor es, Maestro en Antropología Social. 

Facebook: José Alberto Guerrero Baena / @BetoGuerrero38

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